Una vez identificados el punto de partida y el punto de llegada, vamos a empezar a trazar el plan.

Hay sueños que, a primera vista, parecen tan grandes, tan complicados o tan llenos de obstáculos que no ves por dónde empezar. Y cuando no ves por dónde empezar, no empiezas.

Pero casi siempre hay una forma de dividirlos en pequeños cachitos.

Te cuento un ejemplo mío.

Durante años quise cambiar los estatutos de una asociación de fiestas a la que pertenecía, para que las mujeres pudiéramos votar.

El problema era que los hombres pagaban una cuota de 600 euros y las mujeres solo de 180.

Además, en aquel momento la mayoría de mujeres éramos estudiantes, así que igualar las cuotas de golpe para igualar también los derechos, nadie lo veía posible.

Pero fui dando pequeños pasos. Como para mí era algo muy importante, no desistía. Y cada año buscaba la forma de avanzar un poquito hacia el objetivo.

Hasta que, después de veinte años, ¡lo conseguí!

Sí, has oído bien: veinte años.

Si quieres saber la historia completa, la cuento en mi libro Disfrutar sin mirar el reloj.

Pero el mensaje con el que quiero que te quedes hoy es este: si tienes claro el qué, encontrar el cómo suele ser cuestión de tiempo, creatividad y perseverancia.

Así que el mini paso de esta semana es este: coge tu sueño elegido y trata de dividirlo en pequeños pasos.

Da igual que no tengas clara la escalera entera, si tienes claro un solo escalón que te acerque un poquito a tu objetivo, adelante con él.

Cuando estás en movimiento suelen aparecer las mejores ideas, así que sobre la marcha ya podrás ir definiendo los siguientes pasos.

La semana que viene quiero proponerte un plan muy especial para el verano.

Nos vemos el próximo viernes.

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